Darse de cabezadas contra la pared para aprender a separar la verdad de otras cosas
Hoy veo un trabajo y mañana otro
Esto se llama teatro
Lo sabes: tu vida es puro teatro
Y la vida se me va en días fantásticos
Anécdotas deliciosas, increíbles
cuando mi boca las evoca
en otros paisajes del mundo
En tardes tediosas
En preguntas infantiles, en respuestas siempre aplazadas
En lunas llenas y mitades de quesos
Con ojos cortados por la mitad
Con navajas que destellan la luz de una pantalla plana
Entonces qué?
Grita mi alma desconsolada
Cierro ese libro, guardo los lápices
Para ver mi rostro en el espejo
Y cantar la canción del lunes por la madrugada
Ahora me queda correr y escucharte
mientras mis pies son dos melancólicas setas
dispuestas a recorrer cualquier distancia
Es hora de cerrar mis ojos
Para dejar llevarme por la mano que me roza
Y no mostrar soledad en ningún gesto obsceno
Enamorarme de mi recuerdo
El día que aquella nube se posó
Sobre una ciudad completita
Para forzarnos a olvidar todo el resto
No hablo de política ni de pornografía
No quiero incomodar a los incomodados
Entonces me quito la camisa,
La falda, los interiores con blonda
Y me siento en el sofá de tu casa
Con aire de quien dice
A falta de mejores palabras será mejor el silencio
Pero es mentira
Porque cuando cierro tu puerta
detrás de mi, claro,
Y dejo que el viento me toque
Mi voz se sale de mi garganta
Mis manos se escapan de los bolsillos
Y mis pies y mi cuello y mi estómago, antes fríos
Se vuelven una cosa distinta
Por eso digo
Que la luna es de queso
Cuando salgo a caminar
Con esta rabia digerida,
Que siempre vuelvo a vomitar
Ese es el rastro que ando dejando
Por las calles de esta maldita ciudad
Sunday, August 21, 2011
Saturday, August 6, 2011
Goce Carnal
Lima guarda muchos tesoros. Es sólo abrirse a sus espacios, sus sonidos, sus olores, sus murmullos, sus gritos, sus músicas, sus públicos y sus grupos para descubrirse en lugares que con discursos que, si bien no son nuevos, son diferentes - diferentes de qué? (esa pregunta la dejo para que cada uno la responda)
Y entre esas muchas pluraridades, esas de las que los medios callan, vale la pena mencionar las múltiples sexualidades que conviven en esta ciudad, que si bien conserva terribles visos de colonialidad, interna y externa, tiene la suerte de albergar a grupos que vienen luchando y defendiendo sus derechos sexuales. Difícil tarea en un país donde la desigualdad es la regla en el aire que respiramos. Más difícil si observamos que no todos tenemos iguales derechos frente a las autoridades, ya que nuestros derechos se basan justamente en una jerarquía socio-económica que legitima el que algunos sean ciudadanos completos, otros semi-ciudadanos y otros no-ciudadanos. Es un arroz con mango que todos los que vivimos en él entendemos cuando, por ejemplo, el policía pára a alguien que se pasa la luz roja y escuchamos el archi-conocido "tú sabes quién soy yo?" Se supone que la pregunta viene con respuesta incluída: soy poderoso, soy hija/o de XX, o sea que te vas a cagar por meterte conmigo. Es la consabida pregunta que le recuerda a la autoridad en este país que todos somos subalternos de alguien, aún los que están para vigilar y castigar.
Aquí quiero compartir la experiencia de entrar y transitar por un espacio donde esa relación de poder del tú sabes quién soy es puesta en cuestión.
Goce Carnal es una instalación-performance y es el resultado visible de una exploración que la Plataforma Artística Lo que Me Place realizó a partir del tema de la pornografía. Tengo entendido que el deseo de explorar este asunto partió de la experiencia de Milagros Esquivel y Ricardo Ayala vivieron al visitar al cine Le Paris y ver alguna de las muchísimas películas porno que pasan en este cine de la Av. la Colmena, en el centro de Lima. Y a partir de la experiencia de compartir un espacio (masculino) donde el deseo sexual se materializa al amparo de la oscuridad y el anonimato de la sala de cine es que se generan cuestiones sobre cómo es que la sexualidad (o mejor, las diversas sexualidades) son vividas. Yo agregaría aquí una pieza importante para entender este proyecto: quiénes y desde qué lugar experimentan tal sexualidad.
En la instalación-performance que el colectivo viene presentando considero fundamental observar a los sujetos/performers que problematizan diversas dimensiones de la sexualidad. De hecho, quiero regresar al Espacio de la Casa Ida (el lugar donde el trabajo viene presentándose) para encontrarme de nuevo con el trabajo mientras evoco la pregunta de marras: tú sabes quién soy?
Goce Carnal es un espacio/experiencia que produce variados encuentros: el encuentro entre artistas escénicos de diversa formación, el encuentro entre éstos (que residen en países como Perú, México y Francia) y activistas que vienen trabajando en Lima hace ya un tiempo en la defensa de los derechos de las llamadas minorías sexuales. Trabajo cuya estructura parece más el de la curadoría que el estrictamente dramatúrgico (aún cuando hablemos de dramaturgia en el sentido de acciones, este trabajo se acerca más al de organización curatorial) Este diálogo me parece de lo más interesante y productivo en los llamados trabajos interdisciplinarios, ya que aborda y complica los dos frentes de la representación que a mí me interesa: la artística y la política, puesto que si bien representar la voz y el cuerpo del otro hace parte del trabajo artístico (o académico), tal representación no puede sustituir la propia voz de las personas o grupos representados. En Goce Carnal el público recibe una ficha a la entrada del espacio y una recomendación: guarde su ficha, porque con ella podrá adquirir alguno de los servicios ofertados....tal vez el trazo donde se note más la pornografía del trabajo sea ese: el intercambio de algunos servicios por las consabidas fichas, como recordándonos que en nuestra sociedad el places sexual y hasta el derecho a tener un contacto más humano y cercano con alguien es parte de nuestra vivencia como consumidores. Una vez dentro del espacio, el espectador se mueve en el espacio de la forma que mejor le plazca, somos nosotros los que escogemos a dónde ir y qué mirar -claro que ciertas elecciones son guiadas por un mayor o menos nivel de ruido o de amontonamiento que ciertas situaciones producen. Somos vouyeres la mayor parte del tiempo. Pero ocurre que muchas veces y por lo inesperado de las escenas (su lugar, su momento, sus performers), uno nunca sabe si se está en un lugar seguro (el lugar desde el cual se mira sin ser vista, como en los cines pornos) o si nuestros cuerpos serán vistos (como en el baño o como al compartir cierta proximidad física con alguien). Me pasó varias veces sentir que estaba en un lugar donde yo misma era objeto de la mirada de otros espectadores. Y así mi rol se iba trasnformando de voyeur a ser mirada, de mirar a ser un cuerpo observado por espectadores que iban descubriendo, ellos mismos, que también podrían ser sujetos de mi mirada. Ser mirada te transforma en un ser vulnerable y esa sensación de vulnerabilidad es la que puede (puede, repito) hacernos cuestionar el consumo irreflexivo del que hacemos parte, tanto en este trabajo, como en nuestras propias vidas.
Algunas eran personajes, como la muñequita linda o la dominatrix. Y mi relación con ellas fue algo distante. Con la dominatrix quise conversar, pero me sentí inmediatamente objeto de la mirada de los que me rodeaban. Y como la dominatrix no tenía muchas ganas de charlar, me paré del sofá y continué mi recorrido por los salones. también están la mami, un personaje que orienta sobretodo al comienzo a los que vamos entrando al espacio. Otras eran personas moviéndose entre el límite de su identidad individual y el de la máscara social, como en el caso de las activistas Marita (la feminista-lesbiana-vulvacionaria que no le tiene miedo a ser didáctica en su animada charla sobre la vulva y sus placeres, usando para eso una vulva del tamaño de los sueños de muchos y muchas) y Carla - esta última una trabajadora sexual que con orgullo asume su identidad como puta y que trabaja por los derechos de sus compañeras.
Y aquí volveré a la pregunta aquella que siempre he escuchado en la Lima de mis amores: Tú sabes quién soy? En Goce Carnal los participantes (o público, como prefieran llamarlo) podemos usar nuestras fichas para conversar con Carla y preguntarle lo que querramos. No deja de ser extraño, no? Nunca me imaginé hacer parte del juego simbólico de pagarle a una prostituta para conversar. Pero entro al juego y casi al terminar el periplo por la casa compro una ficha por 3 soles (la anterior me la gasté en el masaje que Marita me aplicó con un dildo de madera, en la espalda por cierto) y nos vamos a una salita oscura y solitaria para conversar. Carla me cuenta cómo comenzó a ejercer la prostitución, madre joven y viuda, tenía que comprarle medicinas a uno de sus 5 hijos y de pronto se vio en una farmacia con el dueño ésta ofreciéndole los medicamentos que necesitaba y pidiéndole que se quitara la ropa para pagarle ahí mismo. No sé cuan tortuoso o no fue el camino de Carla y no imagino la cantidad de malos momentos y maltratos ha tenido que afrontar. Sólo entiendo que delante mío tengo a una mujer de 45 años que se sabe atractiva y que escucha mis preguntas con atención, las cuales responde con absoluta consciencia de sus palabras. Talvez yo esté nerviosa y ella no. Tengo orgullo de ser una puta, dice, si un policía se me acerca ahora y me quiere detener y me dice que soy puta, a él le digo, sí, soy puta y le doy placer a la gente. Cuál es tu problema con eso? Carla es hoy activista y trabaja junto a otras trabajadores sexuales para que éstas comprendan sus derechos dentro de una sociedad que las calla y se las tira, incluyendo a muchos policías corruptos. Hemos perdido a tres compañeras que ahora se van al penal porque la policía las detuvo, las quisieron coimear y ellas no se dejaron. Y ese orgullo de llamarte Puta, Carla? Pero claro, yo le doy a muchos hombres el placer que no tienen estando con sus esposas, la gente tiene miedo de vivir su sexualidad.Tengo amantes con los que llevo años, somos amigos, conversamos. Esas son las cosas que a algunos hombres les excita y no consiguen tener con sus parejas. Mi conversación con Carla dura como media hora, hemos sobrepasado el tiempo que la ficha me asignaba. Todavía le hago una última pregunta: qué te preguntan las otras personas? La gente me hace preguntas más personales que las que tú me haces (difícil dejar la etnografía de lado en este momento, es casi adictiva). Algunos hombres me han preguntado porqué sus parejas no se dejan chupar las tetas, porque no pueden sentirse en la libertad de decir ciertas palabras o hacer ciertos juegos con sus parejas. Y las mujeres, pregunto. Algunas me preguntan cómo pueden hacer para sentir eso que sintieron la primera vez que estuvieron con sus parejas, parece que el único encuentro verdaderamente placentero que tuvieron fue el primero, claro, en el primero todo es nuevo, no? Guau. Cuánta intimidad con una mujer a la que solemos llamar despectivamente de Puta. El Goce Carnal me trajo el goce, el placer o el reconocimiento de un encuentro en el que la pregunta aquella * tú sabes quién soy * permitió, de manera parcial, sí, que me acercara a una puta que yo llamo trabajadora sexual para aprender el valor de la palabra puta en boca de mujeres como Carla. No he agotado aquí las posibilidades de los encuentros propiciados por este Goce Carnal. Hay muchos más, son varias salas y diversos sus sujetos, sean performers o espectadores. Felizmente.
Monday, May 16, 2011
El Oro del Dragón
El Dragón de Oro, del dramaturgo alemán Roland Schimmelpfennig (el mismo autor de “La Noche Árabe”), está en cartelera en Lima. El Goethe Institut-Lima y el grupo de teatro Ópalo la ponen en escena por primera vez. La obra va de Jueves a Sábado a las 8:00 pm en el Auditorio del Goethe Institut-Lima (Jr. Nazca 772, Jesús María), del 5 al 28 de mayo 2011.
Podría llamarse Meng Wa o El Rinconcito Peruano (estamos en la era de la marca-Perú, no?)...para todos los casos El Dragón de Oro en la obra del mismo nombre es un restaurante tailandés-chino-vietnamita de comida rápida localizado en algún país de la Europa Occidental que promete a sus comensales los placeres de la auténtica culinaria oriental. Esos placeres son producidos por cinco anónimos trabajadores de la China, quienes emigraron en busca de una vida mejor - durante el montaje el público descubrirá que al menos uno de estos individuos es indocumentado, el drama diario de millones de trabajadores convertidos en no ciudadanos en donde sea que emigran. Paréntesis: me encuentro en un Starbucks en Lima y escucho que la chica que atiende grita con voz estridente y pseudo gentileza impersonal: "Té Chai Lette Alto para Álvaro!" Ahí tenemos nuestra idea corporificada de progreso en versión local y ciertamente deformada debido a la anodina imitación del ansiado modelo - económico, sí, pero también social, étnico y racial.
Las repetidas recetas que los cocineros de la línea de montaje Dragón de Oro enuncian parecen versiones diferentes de una misma cosa: la padronización de la cultura dentro de una economía de mercado donde el gusto del consumidor es el objetivo final. Padronización de las especificidades de una cultura tan compleja y particular como la china y como lo es cada una de las culturas en el mundo. Con el agregado de que, al tratarse de una cultura no Occidental (léase no blanca ni católica, aunque insertada en la economía de mercado) representa ese lado oscuro y reprimido que con tanta obsesión Occidente viene desentrañando desde hace ya cinco ciclos. Y poco a poco vamos adentrándonos en dramas íntimos, en relaciones donde por un lado están los ciudadanos (europeos) y por el otro los no ciudadanos (inmigrantes no europeos). No importa cómo se llaman los trabajadores del Dragón Chino, pues en verdad lo que se espera de ellos es que cumplan bien su labor. Trabajan duro y aparecen con obsesiva frecuencia en la cocina, cocinando, picando verduras, moviendo el wok, describiendo el plato pedido por el comensal... pero el público no sabe ni sus nombres. Ya en el lado de los ciudadanos europeos nos adentramos en espacios de un universo más privado: se trata de sus hogares, localizados en el mismo edificio donde funciona el restaurant. Estos vecinos europeos, sin embargo, visitan el Dragón de Oro y se relacionan con los inmigrantes, desencadenando relaciones asimétricas de poder (el vecino que mantiene cautiva a un joven china para prostituirla y satisfacer así su delirante necesidad de poder ) o donde la fascinación por el Otro no es más que una proyección que sirve para imaginarse una vida menos gris y monótona - claro, a costa de imaginar una China distante, milenaria, monolítica, auténtica a todo precio.
El Dragón de Oro critica sin muchos rodeos pero de forma creativa y poética el capitalismo transnacional que se sostiene gracias al trabajo invisible de inmigrantes que aceptan cualquier trabajo en condiciones infrahumanas - ahí están las maquiladoras, los niños explotados, la trata de blancas...los ejemplos abundan en el mundo de hoy y de hace mucho -, todo en nombre de permanecer en el país al que llegaron, pero donde nunca terminan de ser acogidos.
Las escenas se suceden para mostrar cómo, por ejemplo, uno de los personajes almacena sin cesar productos en el sótano de su casa....es el capitalismo acumulativo como paliativo a una vida sin horizontes ni proyectos que movilicen el alma de esas personas. Europa es la enferma, no el chino con dolores. Una mujer que viaja por todo el mundo, cosmopolita ella porque puede pasar todos los controles de inmigración y aduanas gracias a su condición privilegiada de europea, de pronto quiere vivir la vida de un chino pobre através de su relación fetichista con un objeto que aquí no revelaré...en ese deseo no se percibe la voluntad de entender el drama del que vive al lado tuyo, sino el deseo escapista (o talvez la nostalgia de una vida nunca vivida pero imaginada através del cine o la televisón) de imaginarse en un lugar exótico y utópico junto a buenos salvajes que le ayuden a paliar las amarguras de su vida cotidiana.
El Dragón de Oro es la historia de encuentros desiguales, donde actores y actrices encarnan eso que no son: hombres haciendo de mujeres y viceversa, ídem en relación a jóvenes y viejos. Pero hay un elemento en esta obra, tan física y arraigada en lo corporal como marcador de identidad, que no parece ser considerado...la cuestión étnica...No estoy sugiriendo que el elenco deba mostrar rasgos asiáticos. Más bien, indago por los motivos que hicieron que Jorge Villanueva, director del montaje y del grupo Ópalo, evitase confrontar al público con la raza que siendo la más presente en el Perú es convertida en el Otro desde la visión dominante. Salvo Marcello Rivera, los otros cuatro actores tienen lo que en la sociedad peruana se considera piel blanca. Es esto importante en el montaje? Depende de la opción del director, pero en este caso parece que fue un detalle que pasó absolutamente desapercibido, cosa llamativo para una obra que hace del flujo de identidades un eje central. Imaginemos un restaurante de comida rápida en el centro de Lima o en cualquier otro centro urbana con alta densidad poblacional: los cholos o indígenas serían los cuerpos caminando, pelando papas, moviendo cacerolas aquí y allá. En Minneapolis pasa lo mismo. Cuando voy a un restaurante y le doy una ojeada a la cocina suelo encontrar por lo menos un cuerpo latino, cholo o marrón, como a los gringos les gusta decir. Entonces no me parece un detalle menor éste, sobretodo cuando recuerdo un comentario de Gonzalo Portocarrero sobre el mestizaje en el Perú como un proceso que evita nombrar rasgos físicos y por ende no admite que tengamos un cuerpo diferente frente al ideal blanco que domina el imaginario social - basta ver cualquier serie o novela peruana para identificar el modelo de sociedad en el que deseamos convertirnos a partir de los marcadores de clase y raza de los personajes. Sí, pues la tan celebrada diversidad global (a despecho de sus políticas de identidad y multiculturalismos) no elimina la desigualdad, sino que más bien se vale de ésta para aceitar a la máquina del deseo, el capital y la acumulación. Dicho esto, quiero mencionar que tal silencio frente a la diferencia racial es bastante común en el teatro producido y consumido en el circuito oficial del teatro limeño. Por esa razón mi inquietud no se limita al Dragón de Oro, sino que lee este trabajo en relación a una forma dominante de representar y a la vez invisibilizar a los que somos mayoría en este país.
Dicho esto, las actuaciones alcanzan interesantes grados de intensidad y sutileza (cito aquí a los cinco actores, todos de una entrega siempre bienvenida en el teatro: Carlos Victoria, “Grapa”, Marcello Rivera, Claudio Calmet y Laura Aramburú) El espacio escénico es un campo de entradas y salidas de identidades que representa un juego rico de ser jugado y compartido con el público. La superposición de escenas y los múltiples narradores no hacen sino reconocer en clave escénica que el espectador de nuestros tiempos está acostumbrado a lidiar con elementos muy sofisticados en términos de narrativa, representación y desconstrucción del lenguaje (no era así ya desde épocas pasadas, como cuando en el Globe Theater los hombres representaban mujeres? hay toda una dimensión sobre las relaciones de género en esta obra que merecerían un post aparte, por cierto). Para mi gusto, sin embargo, los actores y actrices podrían haber permanecido algo más estáticos cuando encarnan al narrador. Estaban jugando con grados diversos de representación, como quien entre y sale en zonas de ficción y zonas situadas en el acontecimiento presente y material? Y si era así, cuál era la intención por detrás de esto, más allá de tratarse de la indicación expresa del dramaturgo? Es en este aspecto donde observo que faltó algo relacionado con la posición que el grupo tendría sobre la temática discutida por el dramaturgo. Pienso que la figura del narrador abre espacios interesantes no sólo para ejercicios estéticos, sino para recordarle al público que ante ellos se desarrolla una fábula sobre una situación real con consecuencias serias y dolorosas para muchos en el mundo globalizado.
La dirección tiene muchos méritos, comenzando por el efectivo tratamiento del espacio, colocando a los espectadores frente a frente, como un espejo que nos recuerda permanentemente quién soy yo, de dónde vengo y quien está del otro lado, todo en términos corporales y espaciales (gracias por eso)...La sencillez en la elección de los elementos de escena contribuye a sugerir una cierta teatralidad que podría, creo yo, ser algo más expandida si se usasen menos elementos o piezas de vestuario (sólo las estrictamente necesarias) y así quedarse con lo esencial. Pero si algo tengo que decirle al director es que, en mi opinión, ya es momento que se despreocupe un poco de contar historias porque esto lo hace con mucha solvencia y qué bien que sea así. Qué tal, entonces, invertir más energías en hacer que el público mire desde una perspectiva renovada y crítica los problemas planteados por la obra, usando para eso lo que mejor saben hacer los artistas, es decir, el trabajo desde la teatralidad y el lenguaje escénico? Quiero explicarme: la resolución de las escenas es correcta y en algunos casos bastante creativa (cómo en el momento en que los cinco actores llegan al puente de la historia), pero esta capacidad de resolución está al servicio de qué?
Y aquí quiero referirme a los retos que suponen montar un texto tan político como éste - político pero no panfletario - e inventivo en la forma que sugiere su traducción a la escena. Es lícito permanecer en la esfera estética como algo alejado de los problemas del mundo real cuando se aborda un asunto que es el drama que viven en silencio y lejos de los reflectores millones de seres humanos por el mundo? Sí, no deja de ser una posición lícita y muy practicada por artistas de todas las disciplinas. Sin embargo, dónde queda la postura del artista y ciudadano, que escoge referirse a un asunto urgente como éste con el objetivo explícito de contar una historia y sólo eso? Cómo es que el arte y los artistas se posicionan frente a situaciones de injusticia a través de sus trabajos? Es en verdad lo propio permanecer neutrales frente a situaciones de explotación u opresión en nombre de la calidad del producto artístico? De ser así, no están los artistas incurriendo en la indiferencia o, peor, en la complicidad, malgastando así el precioso lenguaje artístico que dominan apenas para demostrar virtuosismo y no para sensibilizar a un público indiferente al dolor de los mal llamados oprimidos? No estoy aquí para abogar por propagandas o pastiches políticos, me aburren desde todo punto de vista. Pero considero que el propio hecho de partir de un texto como éste coloca en discusión y genera cuestiones sobre cómo los artistas nos posicionamos frente al mundo que vivimos a través de nuestras creaciones, especialmente en tiempos como los que vivimos hoy. Habiendo ya visto el montaje de Ópalo (grupo independiente e infatigable en la producción de creaciones teatrales en la cartelera limeña, enorme mérito el de estos artistas), queda en mí fuertemente impresa la voz del dramaturgo, junto con un valioso y muy cuidadoso trabajo escénico para traducir al público dicha voz. Yo, sin embargo, me sigo preguntando: Y dónde queda el punto de vista del director y del elenco? Qué es lo que ellos quisieron decir, comunicar o expresar al escoger embarcarse en este proyecto? Allí se encuentra, creo, el oro del dragón.
Vayan a verla, pues es un estupendo trabajo, y seguimos conversando.
Podría llamarse Meng Wa o El Rinconcito Peruano (estamos en la era de la marca-Perú, no?)...para todos los casos El Dragón de Oro en la obra del mismo nombre es un restaurante tailandés-chino-vietnamita de comida rápida localizado en algún país de la Europa Occidental que promete a sus comensales los placeres de la auténtica culinaria oriental. Esos placeres son producidos por cinco anónimos trabajadores de la China, quienes emigraron en busca de una vida mejor - durante el montaje el público descubrirá que al menos uno de estos individuos es indocumentado, el drama diario de millones de trabajadores convertidos en no ciudadanos en donde sea que emigran. Paréntesis: me encuentro en un Starbucks en Lima y escucho que la chica que atiende grita con voz estridente y pseudo gentileza impersonal: "Té Chai Lette Alto para Álvaro!" Ahí tenemos nuestra idea corporificada de progreso en versión local y ciertamente deformada debido a la anodina imitación del ansiado modelo - económico, sí, pero también social, étnico y racial.
Las repetidas recetas que los cocineros de la línea de montaje Dragón de Oro enuncian parecen versiones diferentes de una misma cosa: la padronización de la cultura dentro de una economía de mercado donde el gusto del consumidor es el objetivo final. Padronización de las especificidades de una cultura tan compleja y particular como la china y como lo es cada una de las culturas en el mundo. Con el agregado de que, al tratarse de una cultura no Occidental (léase no blanca ni católica, aunque insertada en la economía de mercado) representa ese lado oscuro y reprimido que con tanta obsesión Occidente viene desentrañando desde hace ya cinco ciclos. Y poco a poco vamos adentrándonos en dramas íntimos, en relaciones donde por un lado están los ciudadanos (europeos) y por el otro los no ciudadanos (inmigrantes no europeos). No importa cómo se llaman los trabajadores del Dragón Chino, pues en verdad lo que se espera de ellos es que cumplan bien su labor. Trabajan duro y aparecen con obsesiva frecuencia en la cocina, cocinando, picando verduras, moviendo el wok, describiendo el plato pedido por el comensal... pero el público no sabe ni sus nombres. Ya en el lado de los ciudadanos europeos nos adentramos en espacios de un universo más privado: se trata de sus hogares, localizados en el mismo edificio donde funciona el restaurant. Estos vecinos europeos, sin embargo, visitan el Dragón de Oro y se relacionan con los inmigrantes, desencadenando relaciones asimétricas de poder (el vecino que mantiene cautiva a un joven china para prostituirla y satisfacer así su delirante necesidad de poder ) o donde la fascinación por el Otro no es más que una proyección que sirve para imaginarse una vida menos gris y monótona - claro, a costa de imaginar una China distante, milenaria, monolítica, auténtica a todo precio.
El Dragón de Oro critica sin muchos rodeos pero de forma creativa y poética el capitalismo transnacional que se sostiene gracias al trabajo invisible de inmigrantes que aceptan cualquier trabajo en condiciones infrahumanas - ahí están las maquiladoras, los niños explotados, la trata de blancas...los ejemplos abundan en el mundo de hoy y de hace mucho -, todo en nombre de permanecer en el país al que llegaron, pero donde nunca terminan de ser acogidos.
Las escenas se suceden para mostrar cómo, por ejemplo, uno de los personajes almacena sin cesar productos en el sótano de su casa....es el capitalismo acumulativo como paliativo a una vida sin horizontes ni proyectos que movilicen el alma de esas personas. Europa es la enferma, no el chino con dolores. Una mujer que viaja por todo el mundo, cosmopolita ella porque puede pasar todos los controles de inmigración y aduanas gracias a su condición privilegiada de europea, de pronto quiere vivir la vida de un chino pobre através de su relación fetichista con un objeto que aquí no revelaré...en ese deseo no se percibe la voluntad de entender el drama del que vive al lado tuyo, sino el deseo escapista (o talvez la nostalgia de una vida nunca vivida pero imaginada através del cine o la televisón) de imaginarse en un lugar exótico y utópico junto a buenos salvajes que le ayuden a paliar las amarguras de su vida cotidiana.
El Dragón de Oro es la historia de encuentros desiguales, donde actores y actrices encarnan eso que no son: hombres haciendo de mujeres y viceversa, ídem en relación a jóvenes y viejos. Pero hay un elemento en esta obra, tan física y arraigada en lo corporal como marcador de identidad, que no parece ser considerado...la cuestión étnica...No estoy sugiriendo que el elenco deba mostrar rasgos asiáticos. Más bien, indago por los motivos que hicieron que Jorge Villanueva, director del montaje y del grupo Ópalo, evitase confrontar al público con la raza que siendo la más presente en el Perú es convertida en el Otro desde la visión dominante. Salvo Marcello Rivera, los otros cuatro actores tienen lo que en la sociedad peruana se considera piel blanca. Es esto importante en el montaje? Depende de la opción del director, pero en este caso parece que fue un detalle que pasó absolutamente desapercibido, cosa llamativo para una obra que hace del flujo de identidades un eje central. Imaginemos un restaurante de comida rápida en el centro de Lima o en cualquier otro centro urbana con alta densidad poblacional: los cholos o indígenas serían los cuerpos caminando, pelando papas, moviendo cacerolas aquí y allá. En Minneapolis pasa lo mismo. Cuando voy a un restaurante y le doy una ojeada a la cocina suelo encontrar por lo menos un cuerpo latino, cholo o marrón, como a los gringos les gusta decir. Entonces no me parece un detalle menor éste, sobretodo cuando recuerdo un comentario de Gonzalo Portocarrero sobre el mestizaje en el Perú como un proceso que evita nombrar rasgos físicos y por ende no admite que tengamos un cuerpo diferente frente al ideal blanco que domina el imaginario social - basta ver cualquier serie o novela peruana para identificar el modelo de sociedad en el que deseamos convertirnos a partir de los marcadores de clase y raza de los personajes. Sí, pues la tan celebrada diversidad global (a despecho de sus políticas de identidad y multiculturalismos) no elimina la desigualdad, sino que más bien se vale de ésta para aceitar a la máquina del deseo, el capital y la acumulación. Dicho esto, quiero mencionar que tal silencio frente a la diferencia racial es bastante común en el teatro producido y consumido en el circuito oficial del teatro limeño. Por esa razón mi inquietud no se limita al Dragón de Oro, sino que lee este trabajo en relación a una forma dominante de representar y a la vez invisibilizar a los que somos mayoría en este país.
Dicho esto, las actuaciones alcanzan interesantes grados de intensidad y sutileza (cito aquí a los cinco actores, todos de una entrega siempre bienvenida en el teatro: Carlos Victoria, “Grapa”, Marcello Rivera, Claudio Calmet y Laura Aramburú) El espacio escénico es un campo de entradas y salidas de identidades que representa un juego rico de ser jugado y compartido con el público. La superposición de escenas y los múltiples narradores no hacen sino reconocer en clave escénica que el espectador de nuestros tiempos está acostumbrado a lidiar con elementos muy sofisticados en términos de narrativa, representación y desconstrucción del lenguaje (no era así ya desde épocas pasadas, como cuando en el Globe Theater los hombres representaban mujeres? hay toda una dimensión sobre las relaciones de género en esta obra que merecerían un post aparte, por cierto). Para mi gusto, sin embargo, los actores y actrices podrían haber permanecido algo más estáticos cuando encarnan al narrador. Estaban jugando con grados diversos de representación, como quien entre y sale en zonas de ficción y zonas situadas en el acontecimiento presente y material? Y si era así, cuál era la intención por detrás de esto, más allá de tratarse de la indicación expresa del dramaturgo? Es en este aspecto donde observo que faltó algo relacionado con la posición que el grupo tendría sobre la temática discutida por el dramaturgo. Pienso que la figura del narrador abre espacios interesantes no sólo para ejercicios estéticos, sino para recordarle al público que ante ellos se desarrolla una fábula sobre una situación real con consecuencias serias y dolorosas para muchos en el mundo globalizado.
La dirección tiene muchos méritos, comenzando por el efectivo tratamiento del espacio, colocando a los espectadores frente a frente, como un espejo que nos recuerda permanentemente quién soy yo, de dónde vengo y quien está del otro lado, todo en términos corporales y espaciales (gracias por eso)...La sencillez en la elección de los elementos de escena contribuye a sugerir una cierta teatralidad que podría, creo yo, ser algo más expandida si se usasen menos elementos o piezas de vestuario (sólo las estrictamente necesarias) y así quedarse con lo esencial. Pero si algo tengo que decirle al director es que, en mi opinión, ya es momento que se despreocupe un poco de contar historias porque esto lo hace con mucha solvencia y qué bien que sea así. Qué tal, entonces, invertir más energías en hacer que el público mire desde una perspectiva renovada y crítica los problemas planteados por la obra, usando para eso lo que mejor saben hacer los artistas, es decir, el trabajo desde la teatralidad y el lenguaje escénico? Quiero explicarme: la resolución de las escenas es correcta y en algunos casos bastante creativa (cómo en el momento en que los cinco actores llegan al puente de la historia), pero esta capacidad de resolución está al servicio de qué?
Y aquí quiero referirme a los retos que suponen montar un texto tan político como éste - político pero no panfletario - e inventivo en la forma que sugiere su traducción a la escena. Es lícito permanecer en la esfera estética como algo alejado de los problemas del mundo real cuando se aborda un asunto que es el drama que viven en silencio y lejos de los reflectores millones de seres humanos por el mundo? Sí, no deja de ser una posición lícita y muy practicada por artistas de todas las disciplinas. Sin embargo, dónde queda la postura del artista y ciudadano, que escoge referirse a un asunto urgente como éste con el objetivo explícito de contar una historia y sólo eso? Cómo es que el arte y los artistas se posicionan frente a situaciones de injusticia a través de sus trabajos? Es en verdad lo propio permanecer neutrales frente a situaciones de explotación u opresión en nombre de la calidad del producto artístico? De ser así, no están los artistas incurriendo en la indiferencia o, peor, en la complicidad, malgastando así el precioso lenguaje artístico que dominan apenas para demostrar virtuosismo y no para sensibilizar a un público indiferente al dolor de los mal llamados oprimidos? No estoy aquí para abogar por propagandas o pastiches políticos, me aburren desde todo punto de vista. Pero considero que el propio hecho de partir de un texto como éste coloca en discusión y genera cuestiones sobre cómo los artistas nos posicionamos frente al mundo que vivimos a través de nuestras creaciones, especialmente en tiempos como los que vivimos hoy. Habiendo ya visto el montaje de Ópalo (grupo independiente e infatigable en la producción de creaciones teatrales en la cartelera limeña, enorme mérito el de estos artistas), queda en mí fuertemente impresa la voz del dramaturgo, junto con un valioso y muy cuidadoso trabajo escénico para traducir al público dicha voz. Yo, sin embargo, me sigo preguntando: Y dónde queda el punto de vista del director y del elenco? Qué es lo que ellos quisieron decir, comunicar o expresar al escoger embarcarse en este proyecto? Allí se encuentra, creo, el oro del dragón.
Vayan a verla, pues es un estupendo trabajo, y seguimos conversando.
Wednesday, May 4, 2011
Escapando con (algo de) lucidez
y en estos días que vienen, es necesario crear escapismos para huir de la imbecilidad ramplona de las noticias de la tele, de los decretos supremos de verguenza, de la mediocridad del abrazo tibio, del ojo baleado de Osama. escapismos para movernos con alegría, sin olvidar el ojo atento y la palabra certera.
Wednesday, February 23, 2011
performance y movimiento
es curioso, en mi clase de danza y movimiento mi profesora mencionó que los deportes son el movimiento hacia adelante de manera exagerada... reparé que por ese detalle (de movimiento y performance) las naciones usan los deportes como símbolos nacionalistas...estaré atenta a otras asociaciones posibles entre danza, movimiento, performance y política...pensar y hacer simulatáneamente...
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