Sunday, August 21, 2011

Darse de cabezadas contra la pared para aprender a separar la verdad de otras cosas

Hoy veo un trabajo y mañana otro
Esto se llama teatro
Lo sabes: tu vida es puro teatro

Y la vida se me va en días fantásticos
Anécdotas deliciosas, increíbles
cuando mi boca las evoca
en otros paisajes del mundo

En tardes tediosas
En preguntas infantiles, en respuestas siempre aplazadas
En lunas llenas y mitades de quesos
Con ojos cortados por la mitad
Con navajas que destellan la luz de una pantalla plana

Entonces qué?
Grita mi alma desconsolada
Cierro ese libro, guardo los lápices
Para ver mi rostro en el espejo

Y cantar la canción del lunes por la madrugada

Ahora me queda correr y escucharte
mientras mis pies son dos melancólicas setas
dispuestas a recorrer cualquier distancia

Es hora de cerrar mis ojos
Para dejar llevarme por la mano que me roza
Y no mostrar soledad en ningún gesto obsceno

Enamorarme de mi recuerdo
El día que aquella nube se posó
Sobre una ciudad completita
Para forzarnos a olvidar todo el resto

No hablo de política ni de pornografía
No quiero incomodar a los incomodados
Entonces me quito la camisa,
La falda, los interiores con blonda
Y me siento en el sofá de tu casa
Con aire de quien dice
A falta de mejores palabras será mejor el silencio

Pero es mentira
Porque cuando cierro tu puerta
detrás de mi, claro,
Y dejo que el viento me toque
Mi voz se sale de mi garganta
Mis manos se escapan de los bolsillos
Y mis pies y mi cuello y mi estómago, antes fríos
Se vuelven una cosa distinta

Por eso digo
Que la luna es de queso
Cuando salgo a caminar
Con esta rabia digerida,
Que siempre vuelvo a vomitar

Ese es el rastro que ando dejando
Por las calles de esta maldita ciudad

Saturday, August 6, 2011

Goce Carnal


Lima guarda muchos tesoros. Es sólo abrirse a sus espacios, sus sonidos, sus olores, sus murmullos, sus gritos, sus músicas, sus públicos y sus grupos para descubrirse en lugares que con discursos que, si bien no son nuevos, son diferentes - diferentes de qué? (esa pregunta la dejo para que cada uno la responda)
Y entre esas muchas pluraridades, esas de las que los medios callan, vale la pena mencionar las múltiples sexualidades que conviven en esta ciudad, que si bien conserva terribles visos de colonialidad, interna y externa, tiene la suerte de albergar a grupos que vienen luchando y defendiendo sus derechos sexuales. Difícil tarea en un país donde la desigualdad es la regla en el aire que respiramos. Más difícil si observamos que no todos tenemos iguales derechos frente a las autoridades, ya que nuestros derechos se basan justamente en una jerarquía socio-económica que legitima el que algunos sean ciudadanos completos, otros semi-ciudadanos y otros no-ciudadanos. Es un arroz con mango que todos los que vivimos en él entendemos cuando, por ejemplo, el policía pára a alguien que se pasa la luz roja y escuchamos el archi-conocido "tú sabes quién soy yo?" Se supone que la pregunta viene con respuesta incluída: soy poderoso, soy hija/o de XX, o sea que te vas a cagar por meterte conmigo. Es la consabida pregunta que le recuerda a la autoridad en este país que todos somos subalternos de alguien, aún los que están para vigilar y castigar.

Aquí quiero compartir la experiencia de entrar y transitar por un espacio donde esa relación de poder del tú sabes quién soy es puesta en cuestión.

Goce Carnal es una instalación-performance y es el resultado visible de una exploración que la Plataforma Artística Lo que Me Place realizó a partir del tema de la pornografía. Tengo entendido que el deseo de explorar este asunto partió de la experiencia de Milagros Esquivel y Ricardo Ayala vivieron al visitar al cine Le Paris y ver alguna de las muchísimas películas porno que pasan en este cine de la Av. la Colmena, en el centro de Lima. Y a partir de la experiencia de compartir un espacio (masculino) donde el deseo sexual se materializa al amparo de la oscuridad y el anonimato de la sala de cine es que se generan cuestiones sobre cómo es que la sexualidad (o mejor, las diversas sexualidades) son vividas. Yo agregaría aquí una pieza importante para entender este proyecto: quiénes y desde qué lugar experimentan tal sexualidad.

En la instalación-performance que el colectivo viene presentando considero fundamental observar a los sujetos/performers que problematizan diversas dimensiones de la sexualidad. De hecho, quiero regresar al Espacio de la Casa Ida (el lugar donde el trabajo viene presentándose) para encontrarme de nuevo con el trabajo mientras evoco la pregunta de marras: tú sabes quién soy?

Goce Carnal es un espacio/experiencia que produce variados encuentros: el encuentro entre artistas escénicos de diversa formación, el encuentro entre éstos (que residen en países como Perú, México y Francia) y activistas que vienen trabajando en Lima hace ya un tiempo en la defensa de los derechos de las llamadas minorías sexuales. Trabajo cuya estructura parece más el de la curadoría que el estrictamente dramatúrgico (aún cuando hablemos de dramaturgia en el sentido de acciones, este trabajo se acerca más al de organización curatorial) Este diálogo me parece de lo más interesante y productivo en los llamados trabajos interdisciplinarios, ya que aborda y complica los dos frentes de la representación que a mí me interesa: la artística y la política, puesto que si bien representar la voz y el cuerpo del otro hace parte del trabajo artístico (o académico), tal representación no puede sustituir la propia voz de las personas o grupos representados. En Goce Carnal el público recibe una ficha a la entrada del espacio y una recomendación: guarde su ficha, porque con ella podrá adquirir alguno de los servicios ofertados....tal vez el trazo donde se note más la pornografía del trabajo sea ese: el intercambio de algunos servicios por las consabidas fichas, como recordándonos que en nuestra sociedad el places sexual y hasta el derecho a tener un contacto más humano y cercano con alguien es parte de nuestra vivencia como consumidores. Una vez dentro del espacio, el espectador se mueve en el espacio de la forma que mejor le plazca, somos nosotros los que escogemos a dónde ir y qué mirar -claro que ciertas elecciones son guiadas por un mayor o menos nivel de ruido o de amontonamiento que ciertas situaciones producen. Somos vouyeres la mayor parte del tiempo. Pero ocurre que muchas veces y por lo inesperado de las escenas (su lugar, su momento, sus performers), uno nunca sabe si se está en un lugar seguro (el lugar desde el cual se mira sin ser vista, como en los cines pornos) o si nuestros cuerpos serán vistos (como en el baño o como al compartir cierta proximidad física con alguien). Me pasó varias veces sentir que estaba en un lugar donde yo misma era objeto de la mirada de otros espectadores. Y así mi rol se iba trasnformando de voyeur a ser mirada, de mirar a ser un cuerpo observado por espectadores que iban descubriendo, ellos mismos, que también podrían ser sujetos de mi mirada. Ser mirada te transforma en un ser vulnerable y esa sensación de vulnerabilidad es la que puede (puede, repito) hacernos cuestionar el consumo irreflexivo del que hacemos parte, tanto en este trabajo, como en nuestras propias vidas.

Algunas eran personajes, como la muñequita linda o la dominatrix. Y mi relación con ellas fue algo distante. Con la dominatrix quise conversar, pero me sentí inmediatamente objeto de la mirada de los que me rodeaban. Y como la dominatrix no tenía muchas ganas de charlar, me paré del sofá y continué mi recorrido por los salones. también están la mami, un personaje que orienta sobretodo al comienzo a los que vamos entrando al espacio. Otras eran personas moviéndose entre el límite de su identidad individual y el de la máscara social, como en el caso de las activistas Marita (la feminista-lesbiana-vulvacionaria que no le tiene miedo a ser didáctica en su animada charla sobre la vulva y sus placeres, usando para eso una vulva del tamaño de los sueños de muchos y muchas) y Carla - esta última una trabajadora sexual que con orgullo asume su identidad como puta y que trabaja por los derechos de sus compañeras.

Y aquí volveré a la pregunta aquella que siempre he escuchado en la Lima de mis amores: Tú sabes quién soy? En Goce Carnal los participantes (o público, como prefieran llamarlo) podemos usar nuestras fichas para conversar con Carla y preguntarle lo que querramos. No deja de ser extraño, no? Nunca me imaginé hacer parte del juego simbólico de pagarle a una prostituta para conversar. Pero entro al juego y casi al terminar el periplo por la casa compro una ficha por 3 soles (la anterior me la gasté en el masaje que Marita me aplicó con un dildo de madera, en la espalda por cierto) y nos vamos a una salita oscura y solitaria para conversar. Carla me cuenta cómo comenzó a ejercer la prostitución, madre joven y viuda, tenía que comprarle medicinas a uno de sus 5 hijos y de pronto se vio en una farmacia con el dueño ésta ofreciéndole los medicamentos que necesitaba y pidiéndole que se quitara la ropa para pagarle ahí mismo. No sé cuan tortuoso o no fue el camino de Carla y no imagino la cantidad de malos momentos y maltratos ha tenido que afrontar. Sólo entiendo que delante mío tengo a una mujer de 45 años que se sabe atractiva y que escucha mis preguntas con atención, las cuales responde con absoluta consciencia de sus palabras. Talvez yo esté nerviosa y ella no. Tengo orgullo de ser una puta, dice, si un policía se me acerca ahora y me quiere detener y me dice que soy puta, a él le digo, sí, soy puta y le doy placer a la gente. Cuál es tu problema con eso? Carla es hoy activista y trabaja junto a otras trabajadores sexuales para que éstas comprendan sus derechos dentro de una sociedad que las calla y se las tira, incluyendo a muchos policías corruptos. Hemos perdido a tres compañeras que ahora se van al penal porque la policía las detuvo, las quisieron coimear y ellas no se dejaron. Y ese orgullo de llamarte Puta, Carla? Pero claro, yo le doy a muchos hombres el placer que no tienen estando con sus esposas, la gente tiene miedo de vivir su sexualidad.Tengo amantes con los que llevo años, somos amigos, conversamos. Esas son las cosas que a algunos hombres les excita y no consiguen tener con sus parejas. Mi conversación con Carla dura como media hora, hemos sobrepasado el tiempo que la ficha me asignaba. Todavía le hago una última pregunta: qué te preguntan las otras personas? La gente me hace preguntas más personales que las que tú me haces (difícil dejar la etnografía de lado en este momento, es casi adictiva). Algunos hombres me han preguntado porqué sus parejas no se dejan chupar las tetas, porque no pueden sentirse en la libertad de decir ciertas palabras o hacer ciertos juegos con sus parejas. Y las mujeres, pregunto. Algunas me preguntan cómo pueden hacer para sentir eso que sintieron la primera vez que estuvieron con sus parejas, parece que el único encuentro verdaderamente placentero que tuvieron fue el primero, claro, en el primero todo es nuevo, no? Guau. Cuánta intimidad con una mujer a la que solemos llamar despectivamente de Puta. El Goce Carnal me trajo el goce, el placer o el reconocimiento de un encuentro en el que la pregunta aquella * tú sabes quién soy * permitió, de manera parcial, sí, que me acercara a una puta que yo llamo trabajadora sexual para aprender el valor de la palabra puta en boca de mujeres como Carla. No he agotado aquí las posibilidades de los encuentros propiciados por este Goce Carnal. Hay muchos más, son varias salas y diversos sus sujetos, sean performers o espectadores. Felizmente.

Monday, May 16, 2011

El Oro del Dragón

El Dragón de Oro, del dramaturgo alemán Roland Schimmelpfennig (el mismo autor de “La Noche Árabe”), está en cartelera en Lima. El Goethe Institut-Lima y el grupo de teatro Ópalo la ponen en escena por primera vez. La obra va de Jueves a Sábado a las 8:00 pm en el Auditorio del Goethe Institut-Lima (Jr. Nazca 772, Jesús María), del 5 al 28 de mayo 2011.

Podría llamarse Meng Wa o El Rinconcito Peruano (estamos en la era de la marca-Perú, no?)...para todos los casos El Dragón de Oro en la obra del mismo nombre es un restaurante tailandés-chino-vietnamita de comida rápida localizado en algún país de la Europa Occidental que promete a sus comensales los placeres de la auténtica culinaria oriental. Esos placeres son producidos por cinco anónimos trabajadores de la China, quienes emigraron en busca de una vida mejor - durante el montaje el público descubrirá que al menos uno de estos individuos es indocumentado, el drama diario de millones de trabajadores convertidos en no ciudadanos en donde sea que emigran. Paréntesis: me encuentro en un Starbucks en Lima y escucho que la chica que atiende grita con voz estridente y pseudo gentileza impersonal: "Té Chai Lette Alto para Álvaro!" Ahí tenemos nuestra idea corporificada de progreso en versión local y ciertamente deformada debido a la anodina imitación del ansiado modelo - económico, sí, pero también social, étnico y racial.

Las repetidas recetas que los cocineros de la línea de montaje Dragón de Oro enuncian parecen versiones diferentes de una misma cosa: la padronización de la cultura dentro de una economía de mercado donde el gusto del consumidor es el objetivo final. Padronización de las especificidades de una cultura tan compleja y particular como la china y como lo es cada una de las culturas en el mundo. Con el agregado de que, al tratarse de una cultura no Occidental (léase no blanca ni católica, aunque insertada en la economía de mercado) representa ese lado oscuro y reprimido que con tanta obsesión Occidente viene desentrañando desde hace ya cinco ciclos. Y poco a poco vamos adentrándonos en dramas íntimos, en relaciones donde por un lado están los ciudadanos (europeos) y por el otro los no ciudadanos (inmigrantes no europeos). No importa cómo se llaman los trabajadores del Dragón Chino, pues en verdad lo que se espera de ellos es que cumplan bien su labor. Trabajan duro y aparecen con obsesiva frecuencia en la cocina, cocinando, picando verduras, moviendo el wok, describiendo el plato pedido por el comensal... pero el público no sabe ni sus nombres. Ya en el lado de los ciudadanos europeos nos adentramos en espacios de un universo más privado: se trata de sus hogares, localizados en el mismo edificio donde funciona el restaurant. Estos vecinos europeos, sin embargo, visitan el Dragón de Oro y se relacionan con los inmigrantes, desencadenando relaciones asimétricas de poder (el vecino que mantiene cautiva a un joven china para prostituirla y satisfacer así su delirante necesidad de poder ) o donde la fascinación por el Otro no es más que una proyección que sirve para imaginarse una vida menos gris y monótona - claro, a costa de imaginar una China distante, milenaria, monolítica, auténtica a todo precio.

El Dragón de Oro critica sin muchos rodeos pero de forma creativa y poética el capitalismo transnacional que se sostiene gracias al trabajo invisible de inmigrantes que aceptan cualquier trabajo en condiciones infrahumanas - ahí están las maquiladoras, los niños explotados, la trata de blancas...los ejemplos abundan en el mundo de hoy y de hace mucho -, todo en nombre de permanecer en el país al que llegaron, pero donde nunca terminan de ser acogidos.

Las escenas se suceden para mostrar cómo, por ejemplo, uno de los personajes almacena sin cesar productos en el sótano de su casa....es el capitalismo acumulativo como paliativo a una vida sin horizontes ni proyectos que movilicen el alma de esas personas. Europa es la enferma, no el chino con dolores. Una mujer que viaja por todo el mundo, cosmopolita ella porque puede pasar todos los controles de inmigración y aduanas gracias a su condición privilegiada de europea, de pronto quiere vivir la vida de un chino pobre através de su relación fetichista con un objeto que aquí no revelaré...en ese deseo no se percibe la voluntad de entender el drama del que vive al lado tuyo, sino el deseo escapista (o talvez la nostalgia de una vida nunca vivida pero imaginada através del cine o la televisón) de imaginarse en un lugar exótico y utópico junto a buenos salvajes que le ayuden a paliar las amarguras de su vida cotidiana.

El Dragón de Oro es la historia de encuentros desiguales, donde actores y actrices encarnan eso que no son: hombres haciendo de mujeres y viceversa, ídem en relación a jóvenes y viejos. Pero hay un elemento en esta obra, tan física y arraigada en lo corporal como marcador de identidad, que no parece ser considerado...la cuestión étnica...No estoy sugiriendo que el elenco deba mostrar rasgos asiáticos. Más bien, indago por los motivos que hicieron que Jorge Villanueva, director del montaje y del grupo Ópalo, evitase confrontar al público con la raza que siendo la más presente en el Perú es convertida en el Otro desde la visión dominante. Salvo Marcello Rivera, los otros cuatro actores tienen lo que en la sociedad peruana se considera piel blanca. Es esto importante en el montaje? Depende de la opción del director, pero en este caso parece que fue un detalle que pasó absolutamente desapercibido, cosa llamativo para una obra que hace del flujo de identidades un eje central. Imaginemos un restaurante de comida rápida en el centro de Lima o en cualquier otro centro urbana con alta densidad poblacional: los cholos o indígenas serían los cuerpos caminando, pelando papas, moviendo cacerolas aquí y allá. En Minneapolis pasa lo mismo. Cuando voy a un restaurante y le doy una ojeada a la cocina suelo encontrar por lo menos un cuerpo latino, cholo o marrón, como a los gringos les gusta decir. Entonces no me parece un detalle menor éste, sobretodo cuando recuerdo un comentario de Gonzalo Portocarrero sobre el mestizaje en el Perú como un proceso que evita nombrar rasgos físicos y por ende no admite que tengamos un cuerpo diferente frente al ideal blanco que domina el imaginario social - basta ver cualquier serie o novela peruana para identificar el modelo de sociedad en el que deseamos convertirnos a partir de los marcadores de clase y raza de los personajes. Sí, pues la tan celebrada diversidad global (a despecho de sus políticas de identidad y multiculturalismos) no elimina la desigualdad, sino que más bien se vale de ésta para aceitar a la máquina del deseo, el capital y la acumulación. Dicho esto, quiero mencionar que tal silencio frente a la diferencia racial es bastante común en el teatro producido y consumido en el circuito oficial del teatro limeño. Por esa razón mi inquietud no se limita al Dragón de Oro, sino que lee este trabajo en relación a una forma dominante de representar y a la vez invisibilizar a los que somos mayoría en este país.

Dicho esto, las actuaciones alcanzan interesantes grados de intensidad y sutileza (cito aquí a los cinco actores, todos de una entrega siempre bienvenida en el teatro: Carlos Victoria, “Grapa”, Marcello Rivera, Claudio Calmet y Laura Aramburú) El espacio escénico es un campo de entradas y salidas de identidades que representa un juego rico de ser jugado y compartido con el público. La superposición de escenas y los múltiples narradores no hacen sino reconocer en clave escénica que el espectador de nuestros tiempos está acostumbrado a lidiar con elementos muy sofisticados en términos de narrativa, representación y desconstrucción del lenguaje (no era así ya desde épocas pasadas, como cuando en el Globe Theater los hombres representaban mujeres? hay toda una dimensión sobre las relaciones de género en esta obra que merecerían un post aparte, por cierto). Para mi gusto, sin embargo, los actores y actrices podrían haber permanecido algo más estáticos cuando encarnan al narrador. Estaban jugando con grados diversos de representación, como quien entre y sale en zonas de ficción y zonas situadas en el acontecimiento presente y material? Y si era así, cuál era la intención por detrás de esto, más allá de tratarse de la indicación expresa del dramaturgo? Es en este aspecto donde observo que faltó algo relacionado con la posición que el grupo tendría sobre la temática discutida por el dramaturgo. Pienso que la figura del narrador abre espacios interesantes no sólo para ejercicios estéticos, sino para recordarle al público que ante ellos se desarrolla una fábula sobre una situación real con consecuencias serias y dolorosas para muchos en el mundo globalizado.

La dirección tiene muchos méritos, comenzando por el efectivo tratamiento del espacio, colocando a los espectadores frente a frente, como un espejo que nos recuerda permanentemente quién soy yo, de dónde vengo y quien está del otro lado, todo en términos corporales y espaciales (gracias por eso)...La sencillez en la elección de los elementos de escena contribuye a sugerir una cierta teatralidad que podría, creo yo, ser algo más expandida si se usasen menos elementos o piezas de vestuario (sólo las estrictamente necesarias) y así quedarse con lo esencial. Pero si algo tengo que decirle al director es que, en mi opinión, ya es momento que se despreocupe un poco de contar historias porque esto lo hace con mucha solvencia y qué bien que sea así. Qué tal, entonces, invertir más energías en hacer que el público mire desde una perspectiva renovada y crítica los problemas planteados por la obra, usando para eso lo que mejor saben hacer los artistas, es decir, el trabajo desde la teatralidad y el lenguaje escénico? Quiero explicarme: la resolución de las escenas es correcta y en algunos casos bastante creativa (cómo en el momento en que los cinco actores llegan al puente de la historia), pero esta capacidad de resolución está al servicio de qué?

Y aquí quiero referirme a los retos que suponen montar un texto tan político como éste - político pero no panfletario - e inventivo en la forma que sugiere su traducción a la escena. Es lícito permanecer en la esfera estética como algo alejado de los problemas del mundo real cuando se aborda un asunto que es el drama que viven en silencio y lejos de los reflectores millones de seres humanos por el mundo? Sí, no deja de ser una posición lícita y muy practicada por artistas de todas las disciplinas. Sin embargo, dónde queda la postura del artista y ciudadano, que escoge referirse a un asunto urgente como éste con el objetivo explícito de contar una historia y sólo eso? Cómo es que el arte y los artistas se posicionan frente a situaciones de injusticia a través de sus trabajos? Es en verdad lo propio permanecer neutrales frente a situaciones de explotación u opresión en nombre de la calidad del producto artístico? De ser así, no están los artistas incurriendo en la indiferencia o, peor, en la complicidad, malgastando así el precioso lenguaje artístico que dominan apenas para demostrar virtuosismo y no para sensibilizar a un público indiferente al dolor de los mal llamados oprimidos? No estoy aquí para abogar por propagandas o pastiches políticos, me aburren desde todo punto de vista. Pero considero que el propio hecho de partir de un texto como éste coloca en discusión y genera cuestiones sobre cómo los artistas nos posicionamos frente al mundo que vivimos a través de nuestras creaciones, especialmente en tiempos como los que vivimos hoy. Habiendo ya visto el montaje de Ópalo (grupo independiente e infatigable en la producción de creaciones teatrales en la cartelera limeña, enorme mérito el de estos artistas), queda en mí fuertemente impresa la voz del dramaturgo, junto con un valioso y muy cuidadoso trabajo escénico para traducir al público dicha voz. Yo, sin embargo, me sigo preguntando: Y dónde queda el punto de vista del director y del elenco? Qué es lo que ellos quisieron decir, comunicar o expresar al escoger embarcarse en este proyecto? Allí se encuentra, creo, el oro del dragón.

Vayan a verla, pues es un estupendo trabajo, y seguimos conversando.

Wednesday, May 4, 2011

Escapando con (algo de) lucidez

y en estos días que vienen, es necesario crear escapismos para huir de la imbecilidad ramplona de las noticias de la tele, de los decretos supremos de verguenza, de la mediocridad del abrazo tibio, del ojo baleado de Osama. escapismos para movernos con alegría, sin olvidar el ojo atento y la palabra certera.

Wednesday, February 23, 2011

performance y movimiento

es curioso, en mi clase de danza y movimiento mi profesora mencionó que los deportes son el movimiento hacia adelante de manera exagerada... reparé que por ese detalle (de movimiento y performance) las naciones usan los deportes como símbolos nacionalistas...estaré atenta a otras asociaciones posibles entre danza, movimiento, performance y política...pensar y hacer simulatáneamente...

Friday, December 17, 2010

Lima-Lomas, Lomas-Lima. No es lo mismo.

Hay dos viajes que se hacen para llegar a Lomas. Dos.
El primero es el “real”, ése que mi cuerpo experimenta y en el que entro en contacto con todo lo que una ciudad múltiple, desigual, sin centro y sin orden aparente como es Lima. Olores, sonidos, gritos, música de muchos ritmos, voces de cobradores, bocinazos, estímulos visuales donde generalmente la mujer ocupa roles de objeto y el hombre es imaginado macho y dominante. Todo parece pasar al mismo tiempo, sin ningún tipo de orden.
El segundo viaje es éste que narro y en el cual recuerdo lo que fue el primero, en éste invento un orden, pero al inventarlo descubro pistas de una cierta lógica, no tan misteriosa, guiando el aparente caos. En este segundo viaje no estoy sola porque un lector o lectora me acompaña y a él o ella no le quiero contar la misma fábula de siempre, la de que Lomas de Carabayllo es la periferia de Lima y, pucha, qué lejos esta Lomas y cómo cansa este viaje y cómo de pronto el paisaje visual cambia y la modernidad desaparece y allá puedes ver los cerros y en ellos las casas donde los migrantes viven. Es verdad que el paisaje visual cambia, pero tengo miedo de narrar tal cambio desde mi perspectiva limeña para un publico limeño y que mi propio discurso excluya o estigmatice graciosamente a los vecinos de los conos, esos que viajan por largas horas diariamente desde sus casas a sus trabajos por las mañanas y desde sus trabajos hasta sus casas por las noches. Entonces decido mirar la transformación del verde en una ciudad costera y entender dónde y por qué hay verde en esta ciudad.
Todo se vuelve más y más y más gris desde que tomas la Panamericana Norte rumbo al kilometro 34 – sigo hablando desde mi perspectiva de limeña, me doy cuenta de eso, pero decido continuar hablándole a mi lectora/a con la esperanza que disculpe una mirada sesgada, porque cada uno mira usando ciertos lentes. Lima no es una ciudad especialmente verde, es costera, desértica y nunca llueve – apenas cae una fina garúa que la gente local insiste en llamar graciosamente lluvia. Por eso, lo verde es un oasis y lo verde es también la capacidad de poder cuidar a un árbol, un arbusto o un jardín que desafíe al cielo gris y a la tierra, que puede ser marrón o entonces tambien gris. Vamos, lo verde en Lima representa tambien algún tipo de poder económico o status social: es verde aquello que se cuida, se riega y es generalmente aislado del transeúnte común. Es verde el lugar donde el agua no es un problema. No es de extrañar que distritos como Miraflores, San Isidro y otros sean verdes y que a la gente nos guste caminar por sus parques o veredas. Lo verde es en Lima una cuestion de poder y distinción. Eso aprendí y eso me ayudó a mirar la transformación de la que soy testigo cada vez que llego a Lomas de Carabayllo, después de llegar al centro de Lima en taxi y de allí tomar un colectivo que atraviesa bypasses y tuneles en obras.
La ciudad está en obras, la ciudad ES una obra en construcción: es diciembre del 2010 y transitar por la Panamericana Norte es un ejercicio de paciencia y un desafío a las capacidades visuales y auditivas de sus pasajeros, que a punta de viajes diarios donde gastan más de 4 horas han aprendido a desarrollar el sentido de la indiferencia, esa rara energía que te hace inmune a frenazos de choferes de combi, bocinazos de carros a la luz roja y a vendedores cuyos gritos y ocupación del espacio es expansiva, haciendo que todos tengamos que sortearlos, mi cuerpo es frecuente y literalmente forzado a navegar por la ciudad y sin pensarlo racionalmente detecta y evita obstáculos de los más diversos. Además mi mirada se vuelve experta en no mirar y en no sorprenderse frente a nada. No miro a los hombres que me miran , veo sin mirar, pero paso por ellos sin que algún gesto o señal me hagan detener. Es una triste victoria ésta, llamada indiferencia.
Entonces llego al Óvalo Zapallal, que no es un óvalo, sino un cartel que dice “Kilómetro 34”. Aprendí que tengo que doblar a la derecha, aprendí que hay un cementerio y que antes del mismo hay floristas. Aprendí que todo el mundo sabe que no vivo allí. Nadie me lo dice, pero lo percibo. Más importante, mi cuerpo lo percibe, son mis ropas, a veces son los lentes de sol que llevo porque el sol quema, pero qué raro, nadie más usa lentes de sol por aquí. Tomo el último transporte, aquél que me conduce hasta la pista. A veces tomo el micro celeste, ése que le llaman el chino, un bus enorme de color celeste que recientemente viene cumpliendo la impresionante ruta Villa el Salvador-Panamericana Norte. Es grande, cómodo y sólo pago cincuenta centimos hasta llegar a la avenida – así se llama el paradero en el que bajo para llegar caminando al colegio: avenida bajo. La otra opción es pagar un taxi que me cobra 5 soles sino regateo y consigo que el chofer me haga la carrera por 4. La otra opción, esa que ahora evito, es un colectivo atiborrado de gente, personas que llevan de todo porque vienen de hacer compras de Lima – botellas de agua, verduras, cajas con golosinas, esos pasajeros transportan mercadería que venderán en sus pequeños negocios. Este último transporte es inseguro, insalubre y la música llena cualquier atisbo de silencio.
Bajar de la avenida y llegar hasta Nueva Jerusalén es el momento donde lo verde se vuelve entonces rareza. El polvo, la tierra dominan el lugar. Lo que le llaman avenida es la avenida por donde circulan buses, combis, camiones y vehículos privados, pero para entrar a Nueva Jerusalén entras a un camino de tierra donde cualquier metro cuadrado asfaltado es producto de la terquedad de los vecinos de la zona. No hay pistas.
No es la primera ni será la ultima vez que visito Nueva Jerusalén, lugar al que vine por primera vez a dictar una clase de teatro y al que regreso siempre para entender no sólo al lugar ni a esa abstracción llamada sociedad peruana, sino a mí misma como partícipe de ésta. Los niños de la zona, los que estudian teatro los fines de semana en el colegio Manuel Scorza me conocen. Camino por las calles de tierra de la zona y algunos niños me saludan y me dicen “profesoraaa!”, aunque ahora no enseñe nada. Algunos niños como Dayana sonríen, gritan mi nombre y corren para abrazarme. Qué rico abrazo. Después de eso continúan jugando en calles sin asfaltar y sin jardines. Yo jugaba mucho en los jardines de las casas vecinas a la mía cuando era niña y me escondía detrás de arbustos y olía flores y petalos y hojas y todo eso era parte del paisaje. Aquello que estos niños no tienen. Pero además de la falta de verde hay el olor. A veces percibo algo quemándose a lo lejos y tal olor permanece durante la mayor parte del dia y nadie dice nada, es otro detalle que puede tranquilamente hacer parte del paisaje. No es justo, pienso.
Hace más de veinte años algunos vecinos llegaron a este lugar, cada uno con una historia diferente, con un equipaje diferente, desde un lugar diferente, pero que desde Lima conocemos como provincia. Provincianos que al llegar a Lima se convierten en cholos. No es que ellos se denominen asi, ni siquiera se denominan indígenas, que en muchos casos se convierte en palabra problemática dadas las tensiones raciales que un país colonial como el Perú arrastra. Pero estos provincianos son, en este lugar, vecinos. Unos, como el señor Pujaico, vienen de Ayacucho y desde chicos conocen Lima, otros como la señora Teodora llegan de adultos desde Piura. Pero aquí, en Lomas, todos son vecinos y es así que vienen construyendo una identidad de grupo y una relación con el espacio hostil en el que se afincaron. Son vecinos en relación a Lima. Y estando en Lima saben que son diferentes a los limeños – Lima es un lugar que queda allá, afuera. Llamarse vecinos es la manera como “ellos” se diferencian de “nostros”.
Los bordes existen y se manifiestan no solo en la mayor o menos presencia de agua o asfalto, sino en la manera cómo los grupos y sus cuerpos se definen en relación a otros. Esa es una lección que cualquier individuo que emigra de la sierra a Lima aprende rápidamente. Cuáles son los espacios de la ciudad a los que puedo acceder y cuáles son aquellos que me son vetados – garitas de control, vigilancia permanente, guachimanes (muchos de ellos luciendo la misma apariencia física que la del sujeto excluído), cartelitos por doquier “la empresa se reserva el derecho de admision”, es muy fácil saber dónde serás o no aceptado. Bueno, pero también puedes entrar a un hotel o restaunte exclusivo si consigues trabajo en ellos, en ese caso serás parte de la fuerza laboral que trabaja en tales espacios cerrados y excluyentes. Como el extra que toda película glamourosa necesita.
Vuelvo a Lomas. No hay razón para insinuar que este lugar es sucio y tengo miedo que mi lectora/a haya deducido que la zona es sucia por que no hay los servicios de agua y desagüe. Al contrario, hay una obsesión por mantener bajo control el polvo, la tierra, echando agua para evitar que los carros que pasan levanten polvo. Un restaurante al que a veces voy tiene un piso de cemento escrupulosamente limpio, casi brillante. No sé cómo lo logran. Superficies recién limpiadas, por donde aún detecto el reciente paso del agua. El piso, la mesa, el estante. Pero su gente espera que esta vez Sedapal cumpla lo ofrecido y se dé la buena pro al mejor postor para empezar las obras de instalación de agua y desagüe. Sólo después de eso se podrá pensar en asfaltar pistas y calles, para que nunca más un carro pasando levante el polvo que ahora se respira. Aqui tener agua significa comprarla, se compran vidones del camión cisterna que pasa muy temprano, a eso de las 5 de la mañana tocando la bocina y subiendo cuesta arriba – esto es una loma, no lo olviden. Aqui el agua cuesta más por metro cúbico que lo que pagan los vecinos de distritos como Surco o la Molina. No es irónico que quien menos tiene pague más por un servicio básico?
Por eso la marcha de finales de noviembre de este año, para pedirle a Sedapal y al gobierno que honren las promesas hechas a lo largo de todo el 2010. Pero la marcha, cuya destino original era Palacio de Gobierno fue desviada, pues tiene una fuerte competencia: los Príncipes de Asturias visitan Lima y hoy día van a Palacio de Gobierno y al Congreso. Estoy caminando lado a lado con las vecinos y vecinos de Lomas y pienso en la ironía que es la simulteneidad de los hechos. Más tarde veré en el noticiero de la noche el hermoso vestido que la esposa del príncipe llevaba. Ella es delgada, regia y usa zapatos de tacon. Las mujeres con las que marcho son a veces más jóvenes que yo pero lucen mayores, algunas tienen un cuerpo que se ensanchó debido a múltiples embarazos o simplemente a la vida dura, y siempre usan zapatillas – te imaginas andar en zapatos de tacón cuando tienes que caminar por arenales y subir y bajar de micros? Por la noche no veré ninguna imagen o comentario sobre la marcha pacífica desarrollada por los vecinos de Lomas. Ni una sola camara de un canal de señal abierta: los dirigentes vecinales saben de eso y, megáfono en mano, comentan: donde están los periodistas, dónde, vecinos? Han desviado la trayectoria de la marcha para llegar no a Palacio sino a tres cuadras del Congreso, en la Avenida Abancay, a una distancia prudencial como para no desentonar con el color del vestido de la esposa del príncipe. Los periodistas comentan por la noche el encanto de la esposa del Príncipe Felioe, su vestido casual y elegante, el porte varonil del príncipe. Es el día que la revista Cosas habia soñado para el Perú. El Peru avanza.
Los vecinos ocupan la Avenida Abancay mientras algunos dirigentes se reúnen con el viceministro de Vivienda y Construcción, el presidente de Sadapal y el alcalde de Carabayllo (Lomas de Carabayllo pertenece a Carabayllo, a despecho de la distancia que les separa), la consigna es no movernos sino hasta que salga algún acuerdo escrito con las autoridades. La mayor presión que moradores de asentamientos humanos pueden hacer para lograr ser escuchados es através de la ocupación que con sus propios cuerpos realizan en lugares públicos, donde tal presencia interrumpa y desestabiliza el libre tránsito de vehículos y otros cuerpos. Mientras camino lado a lado con estos vecinos recuerdo las muchas veces que en el noticiero de señal abierta la voz en off hablaba de la acción de manifestantes bloqueando el transito o cerrando el paso de alguna carretera. Ahora estamos sentados o parados en la avenida abancay, simplemente esperando, mientras el sol nos quema, el calor aumenta, las chompas ya no nos cubren. Tomar agua, comprarse un helado se hace imperativo. Las conversaciones entre vecinos, bromas y fotos ayudan a hacer pasar este tiempo que a veces se hace demasiado largo.
Pienso en el trayecto Lima-Lomas como un viaje de ida y vuelta que sin embargo es desigual. No es lo mismo para mí ir a Lomas y quedarme unos días por allá. Al final habrá un momento en el que yo regrese a casa, tome un baño de agua caliente mientas vea el agua corer desde los caños de casa. Para los vecinos de la zona su casa es allá. Pienso en lo que es tener en el bolsillo 6 u 8 soles para ir y volver a diario, sin opción de tomarse un taxi porque el colectivo está demasiado lleno y el transporte pùblico en esta ciudad es una experiencia humillante. Hay que aceptarlo nomás, asi caballero no más. Y el ejercicio diario de la indiferencia para poder vivir un día y después del otro. El polvo, la basura que desde algún lugar alguien quema, las minas de minerales que los niños saben decirte dónde quedan, las ladrilleras donde adolescentes sin secundaria completa trabajan, el Principe de Asturias oliendo a perfume francés y vistiendo un terno de color gris impecable, la necesidad de fortalecer lazos de cooperación económica con España a costa de ignorar a un grupo de hombres y mujeres que decidieron con anticipación, hoy vamos a Lima a que nos vean, a que oigan nuestras voces para pedir lo que venimos esperando pacientemente. La deliberada indiferencia del periodismo en cubrir una marcha pacifica donde se reclama el derecho al agua y desague combina con el gris del cielo y del terno del príncipe.
El Estado es una figura ambigua en zonas como Lomas, Alan García, ese presidente cuya gordura expresa corporalmente lo desigual que es este país, ha venido ya a hacer promesas y hasta ahora nada. El estado parece un esposo infiel que viene a jurar amor en epoca de elecciones pero después se olvida de todo lo prometido, una vez que alguno de los candidates consiguió lo que buscaba. Pero la opinión pública tampoco ayuda. La opinión pública simplemente no mira, no dice nada, voltea la mirada. A veces son las mismas personas que protestan porque Julian Assange, el cerebro detrás de WikiLeaks, ha sido arrestado en Londres, aquellos más sensiblizados con las injusticias en el mundo son los que no tienen nada que decir cuando grupos de inmigrantes andinos que tienen mas de veinte años viviendo en Lima aún no tienen aceso a agua potable. A veces son los que hemos votado para elegir a una alcaldesa de izquierda, porque es hora de construir una ciudad para todos, a veces somos los que decimos querer una sociedad más justa los que olvidamos que aquellos que protestan lo hacen porque es a veces el único mecanismo que parece funcionar para que el estado, el mercado, la prensa, alguien, carajo, te mire y repare en tu existencia y escuche lo que tienes para decir: hace años que vivo y trabajo en Lima, pero no tengo agua ni desague en casa y hay muchos niños por donde vivimos. En estas ocasiones nadie dice la palabra emprendedor, esa, que hoy en dia se ha puesto de moda en los discursos que ensalzan la creatividad peruana. Los vecinos y vecinas de Lomas son los emprendedores que están buscándose las oportunidades que ni el estado ni el mercado les ofrecen. Pero como a veces ya está bueno de esperar, hoy cierran una avenida importante en el centro de Lima a pedir eso que otros usan para lavar sus carros a diario.

Y entonces me doy cuenta que hay un tercer viaje que estoy aprendiendo a discernir, ése que hacen los vecinos de Lomas a Lima. Este tercer viaje no es el mismo que el que hago yo cuando voy desde Lima a visitarlos.

Saturday, August 7, 2010

Autogestion

Lo dijo Mary Soto el otro dia en la mesa redonda sobre publicaciones teatrales en la feria del libro: la voz para sacar adelante publicaciones teatrales independientes es la autogestion. No dijo nada nuevo, pero lo dijo, le dio un nombre a una practica muy comun para sacar adelante algun proyecto artistico que no cuenta con apoyo estatal (que en el Peru casi no existe), que no cuenta con patrocinio de la empresa privada (que es muy raro, sobretodo si tu trabajo intenta manejar cierto nivel de independencia artistica y social). Mary se referia a como ha logrado publicar una revista teatral independiente por varios anhos consecutivos (no tengo ese dato a la mano ahora). Como lo hace? Se crean espacios solidarios atraves de ayuda de amigos, redes artisticas independientes que mueven la cosa.
Lo que rescato de esto es que al consabido capitalismo que mueve las macro economias hay que saber detectar y entender micro practicas que no son capitalistas, son practicas economicas atraves de las cuales la gente produce, vive y sobrevive. No estoy tratando de pontificar la tan celebrada 'creatividad peruana', no. Mas bien quiero hacer ver que junto con practicas capitalistas hay otras practicas (no capitalistas) que mueven y generan otras formas de hacer y pensar economia y relaciones sociales. Lazos familiares y amicales, espacios alternativos, identidad-en-solidaridad, reciprocidad....quien en el Peru no se mueve un poco atraves de estas practicas? Bueno pues, es hora de pensar en ellas como la practica de una economia alternativa. Aprender de ellas.